Ya ves, las coincidencias son sensibles al tacto de una letra, a una mirada fugáz como sombra de ave en el agua. Y tu que me decías que ya habías volado... Ya estarías muy lejos que ni mi oído percibiera tu ala, que ni mi alma sintiera ese temblor como hoja a la primera gota de lluvia, o al primer soplo de otoño. Ni medio mundo me basta para llegar a tus ojos. Ni medio planeta me es mucho para sentir que vibras cuando oyes mi voz.
Cuando se dibuja el signo que esculpe y moldea mi deseo ante tus retinas y emerge el titán de brazos largos, de sonido élfico en bosque perdido, y me encuentra, y me desgarra la voluntad forjada a hierro candente sobre el cual yace mi destino. Fantasma ancestral, ahora has venido desde muy lejos, hueles a renuevos, manzanas, hierba fresca y castañas asadas a la orilla de la quietud con tu fiesta en la sangre, con faroles en la piel que me hacen danzar, danzar hasta el amanecer hasta no ver más mis pies haciéndonos volar juntos... dermis de estanque, de fruta en su punto y deliciosa, vino fino, manjar de Oriente.
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